Es habitual ver en los centros docentes españoles la inmensa cantidad de necesidades básicas que no están siendo cubiertas por el incompetente gobierno autonómico, y por ende también el estatal. Nuestros centros educativos, encargados de desempeñar la función de educar civil, personal y mentalmente a las nuevas generaciones de españoles*, están siendo olvidados y desatendidos por la Junta de Andalucía (y de las respectivas comunidades autonómicas). Ésta no es más que una traidora, generadora de corruptos y sinvergüenzas inútiles que sólo sirven como carne de cañón. Son una lacra que no debería existir.
* y generaciones de inmigrantes. Poco a poco, los españoles en los institutos públicos son menos, y los inmigrantes (violentos y problemáticos en su mayoría) nos están alcanzando y ganando en nuestro propio terreno. Nos están reemplazando, estamos sufriendo una inexorable sustitución demográfica.
Ya no ondean nuestras banderas en las astas, ya no se da la importancia que debería a nuestra historia, ya no se enseña lo grande y glorioso que es nuestro patrimonio cultural, ¡todo esto se sustituye por banderas y culturas foráneas! ¿Cómo puede permitirse tal insulto a la sociedad española?, ¿cómo puede comprenderse siquiera que nadie actúe en contra de esto?, admitámoslo: lo que se ha intentado hacer para detener esta espiral de decadencia e insolencia para con nuestro pueblo ha sido, hablando en plata, una mariconada. La corrupción, la pobreza y el engaño van de la mano de esta tergiversada democracia - ¿dónde está el poder del pueblo?, ¿en el PPSOE que nos ahoga, o en el adoctrinamiento sin escrúpulos que sufrimos y que nos impide avanzar?
Hay que ser absolutos, radicales; nuestro enemigo, la oligarquía político-financiera, debe temernos, clasificarnos de extremistas. El modo de vida derrotista que nos fuerzan a tener, ese sentimiento autoimpuesto de impotencia frente al cambio, sólo ayuda a que los que gobiernan sigan con su juego memocrático y usurero.
¡La juventud es el cambio!, ¡no debemos permitir y tolerar la situación que atraviesa nuestra juventud! El poco dinero, la crisis que nadie combate y el latente pesimismo en el que estamos hundidos obliga a que esta juventud (recordemos, fue educada en España con el dinero de los españoles) se vaya a otros países, ¡el cual se aprovecha de estos jóvenes, no es el pueblo que lo crió quien recibirá los frutos de su formación! Lo primero que debería protegerse en una sociedad mínimamente sana es la educación de su estirpe; por ello, hay que denunciar todos y cada uno de los ataques a ésta, como alumno, como profesor y como ciudadano.



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