Esta semana se han hecho actos en muchos centros andaluces conmemorando la proclamación de la autonomía andaluza. Los alumnos los han recibido con los brazos abiertos; no obstante, tengo algo que decir.
~
Vergüenza, quizá ésa es la mejor palabra para definir lo que siento. Vergüenza por vivir en un país en el que se pisotea su bandera, se pita su himno, se humilla su historia y se mancilla su nombre. Vergüenza por verme obligado a acudir a centros de enseñanza pública donde lo único que se enseña realmente es a ser todos igual de mediocres, patéticos e ignorantes.
Esta educación pública no sólo nos adoctrina para simpatizar con la izquierda y para acoger con agrado las políticas multiculturalistas y antiblancas que nos impone el sistema, sino que, además, nos enseña a odiar nuestra patria. En este día autonómico han llenado el centro con banderas andaluzas, con citas de Blas Infante, con biografías de andaluces importantes y con murales, han cantado el himno en el patio, han leído un manifiesto andalucista que pedía "la libertad de los andaluces" y han puesto a grupos de niñas a bailar.
Ahora pregunto: ¿qué se hizo el Día de la Hispanidad? Nada, no se hizo nada; los pasillos seguían inundados de propaganda multirracial, de murales pacifistas, de banderas extranjeras, de consignas pacifistas y, sobre todo, de la misma ignorancia y mediocridad de siempre. Realmente, ya estoy acostumbrado, pero no puedo evitar sentir repulsión por un sistema educativo que cría ovejas en lugar de construir personas.




