jueves, 25 de febrero de 2016

[I] Humanismo del siglo XXI: Espíritu numantino.


    El régimen democrático imperante en el siglo que nos toca vivir supone, de manera implícita y total, el germen de la decadencia y la desvinculación del hombre de sus virtudes naturales. Los años vienen y van, se sepultan uno tras otro bajo una gruesa capa de ignorancia que aumenta con el trascurso de los mismos; nada huye de este alud asolador que arrasa y mutila la tendencia innata del hombre a la aristocracia, a la división en función de las capacidades y facultades humanas, a la búsqueda del bien común sobre el propio y a la elevación de la figura virtuosa que caracteriza a las más altas sociedades que han conocido las páginas de la Historia.

    Las virtudes casi divinas que corresponden a la evolución de nuestra especie han sido cercenadas de la mentalidad del hombre y de la mujer; la división, rasgo inequívoco de la inquebrantable ley de la Naturaleza, ha sucumbido a la mezcla entre clases, estamentos, sangre y valores, acabando por ser un crimen en lugar de un bien necesario, y del mismo modo ha ocurrido con la búsqueda de la gloria frente al hedonismo conformista. El materialismo, el vicio primigenio concerniente a las personas del tercer estamento¹, ha hundido sus raíces en la moral  si acaso puede llamarse así  del colectivo occidental, ahogando la naturaleza de cada individuo y arrancándole de cuajo su coraje, su vitalidad y su fuerza.

    Actualmente, este pensamiento antisocial intoxica el ocio de las gentes europeas desde su estadío más primitivo y común hasta el más elevado, librándose, únicamente, aquellas formas más alejadas de la raíz moderna de la degeneración social, de la busca de la felicidad efímera: la reflexión. Cuando la razón interviene en esta incansable lucha entre dos fuerzas — las concernientes a la Naturaleza y aquellas de la Artificialidad —, queda expuesta la transvaloración² que durante años lleva sucediendo en nuestra sociedad, y es dicha transvaloración la semilla que brotará como una necesaria revolución ética³. Esta teoría de la revolución ética — la cual originará un nuevo orden social encabezado por el primer estamento que instaurará, asimismo, un gobierno guiado por un férreo código ético — consta de tres fases necesarias:


  1. El gobierno de un poder oclocrático4 que genere una situación de inestabilidad social, económica y moral en la cual los vicios del materialismo, el hedonismo y la ignorancia venzan a las virtudes humanas.
  2. El nacimiento de una revolución de bases éticas que propugne, ya sea pacíficamente o mediante las armas, por la recuperación de los valores más elevados del hombre frente a la decadencia del estadío anterior.
  3. El advenimiento de un nuevo orden que restaure el gobierno supremo de la Virtud, en contraste con el primigenio gobierno absoluto del Vicio.

    El espíritu numantino consiste, pues, en la capacidad de resistir a los vicios y potenciar las virtudes humanas; una capacidad necesaria para lograr la revolución de las mentes, el nacimiento de la razón y el resurgir del hombre.





¹ Según la teoría ética-revolucionaria, la sociedad se divide en tres estamentos, perteneciendo al primero de ellos las personas idealistas, valientes y ambiciosas, al segundo las personas comunes y al tercero las personas viciosas, débiles e irracionales.

³ Se entiende por «revolución ética» la idea de una lucha entre el primer y tercer estamento tras el gobierno del Vicio  regido por el tercer estamento — que dará lugar a la victoria final de la Virtud y al gobierno de la paz, el mérito y el honor.

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