Antes de comenzar la entrada, me gustaría pedir disculpas por el tiempo que ha pasado sin publicar nada. A partir de ahora, con el curso definitivamente empezado y con el horario medianamente establecido (dentro de lo que la poca organización de la Junta de Andalucía permite), procuraré ser más regular en la publicación de entradas. Nuevamente, lo siento.
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En los tiempos que corren, no es impactante ver a una chica de no más de catorce años vistiendo un top y unos shorts que hace excesivo honor a su nombre (que va enseñando medio culo, hablando en plata), maquillada como sólo ciertas mujeres lo hacen y con una actitud propia de chicas cuyo propósito es saciar sus instintos básicos. No nos resulta extraño que toda nuestra sociedad se esté sexualizando tanto que hasta un instituto es hoy una pequeña casa de putas donde las adolescentes exhiben sus curvas y los chicos sus músculos.

Me pregunto dónde quedó la mujer recatada, culta, femenina y con valores que no sentía la necesidad de provocar al primer simio subevolucionado que se le cruzase delante de sus tetas mientras camina borracha a coger la litrona barata que paga con el dinero que le roba a sus padres el viernes por la tarde; que no utilizaba su cuerpo para conseguir sus fines, sino su mente y su carácter amable y comprensivo. Esa mujer protectora, sensible, cariñosa y natural cuya meta era abastecer a su familia e inculcarle valores de solidaridad, amabilidad, amor y comprensión a sus hijos. Ésa es la mujer que debemos recuperar, y ésa es la mujer que realmente encuentra su labor en la sociedad y que ayuda a su patria.
Los institutos no están exentos de esta nueva especie de mujer, enferma y primaria, sino que son el lugar por antonomasia donde esta subespecie del género Homo se junta con sus semejantes en su juventud (luego llegarán las discotecas de tarde, que no son más que locales de pederastia y prostitución infantil, como se puede apreciar en la foto de arriba).
Así es nuestra sociedad y nuestra juventud: primaria, superficial y sexualizada. La única meta de los
hombres es encontrar unas buenas tetas que manosear; y la de las
mujeres, un gran miembro que llevarse a la boca. Estos prototipos de mujer se exhiben como si fueran ciervas en celo, no tienen mayor prioridad que su apetito sexual, el cual cubren unos energúmenos subdesarrollados que se las dan de hombres. Siendo incapaz de perseguir un objetivo más elevado que la máquina de condones de la farmacia (la que muchas veces ni siquiera recibe uso), la juventud española degenera a pasos agigantados sin que ningún valor ético la frene; en una sociedad donde toda lógica y toda virtud se pone en duda y se ridiculiza, ¿qué otro futuro es posible?

No permitamos que nuestra juventud degenere. Hay que despertar, y hay que hacerlo ruidosamente. En cada ciudad y en cada pueblo existen locales como estos donde los peores estratos de la sociedad se juntan cada fin de semana; y no dudéis de que entre la oscuridad, el humo y el sudor que hay dentro de estos antros, el traspaso de droga está a la orden del día. No toleremos esta actitud el sistema nos debilita por dentro para poder atacarnos desde fuera, y por eso debemos ser férreos en la defensa de la raza y la salud individual, porque no se puede luchar con el cuerpo debilitado por la droga y el alcohol.